La automedicación, es decir, la administración por cuenta propia de un medicamento es un hecho cotidiano y habitual en nuestra sociedad que se da en la mayoría de los hogares.[1]
Esta utilización por voluntad propia puede ocasionar perjuicios o beneficios al paciente. Es decir, la automedicación no debe entenderse siempre como un acto erróneo sino que de llevarse a cabo de forma responsable puede aportar ventajas.[1]
Si bien en los últimos años se hablaba cada vez más de autocuidado, atoatención, grupos de autoayuda, soportes y redes sociales de apoyo, ello no supone que el sistema de aslud de los países latinoamericanos desarrollen sus programas y actividades incluyendo dichas formas de atención/prevención de la enfermedad. [3].
La autoatención implica un amplio espectro de actividades (referidas a alimentación, higiene, educación "informal", etc.) cuya unidad de acción no es el individuo sino el microgrupo dentro del canal se llevan a cabo la mayoría de dichas actividades. [3]
La detección de un problema de salud, la producción de un diagnóstico provisorio, el manejo de un repertorio de indicadores diagnósticos, la observación del desarrollo del padecimiento, utilizar criterios de levedad o gravedad así como de urgencia respecto del problema; decidir sobre lo que debe hacerse lo cual incluye "no hacer nada", autorecetarce y autoadministrarse algún tipo de sustancias o mecanismo terapéutico, la consulta a miembros de la red familiar y social inmediata o solicitar tratamiento a profesionales de la biomedicina o curadores "populares". [3]
La autoatención constituye el primer nivel de atención/prevención que opera en cualquier sistema de salud. Los centros de salud comunitarios o los curadores "populares" constituyen en la práctica un segundo nivel de atención.[3]
La autoantención se constituye a partir del saber desarrollado en cada microgrupo, y en particular en el grupo doméstico.[3]
Las sociedades latinoamericanas caracterizadas por sus crecientes niveles de "pobreza", por un constante y discontinuo desfinanciamiento de los servicios, por un permanente y creciente proceso de migración rural/urbana, etc., incorporando nuevas pautas de autoatención que incluyen prácticas y representaciones producidas por la sociedades dominantes.[3]
Las actividades de autoatención de la mujer "pobre" aparecen limitadas para ejercer con eficacia los saberes existentes respecto del conjunto de los padecimientos. si bien el autocuidado opera a través de unidades microgrupales, lo hace dentro de condiciones económico-políticas y culturales así como la función que cumple dentro del sistema de relaciones sociales dominantes.[3]
La asociación del alto consumo de medicamentos para el tratamiento de síntomas inespecificados con la falta de conocimientos sobre los efectos adversos, así como el uso de medicamentos controlados, nos llevan a una conclusión evidente: la automedicación es irresponsable. El consumidor final no es, sin embargo, el único culpable de esta situación. Las farmacias, el sistema de salud, los medios de comunicación y el entorno social juegan un papel muy importante que no debemos olvidar. [2]
A pesar de esta conclusión, creemos que esta situación puede cambiar y aproximarse al ideal de la autoatención responsable. Para llegar a este estado, anuestro juicio, deben aplicarse medidas que tiendan a:
- Recomendar y animar el uso de los servicios de salud.
- Aumentar los conocimientos de los efectos adversos y dosis de los fármacos entre la población.
- Regular la publicidad agresiva de los medicamentos.
- Reforzar la legislación en lo que a venta de medicamentos controlados se refiere.
- Mejorar la calidad de la educación en materia de salud y crear conciencia cobre los efectos de la automedicación en la salud comunitaria. [2]