MODOS DE ENFERMAR Y CONCEPTOS DE ENFERMEDAD


El sujeto enfermo.
El sujeto y el objeto como opuestos, tienen una cercanía incomoda al problema mente- cuerpo. No obstante, apenas cabe dudar que los seres humanos, porque tienen un cuerpo vivo y son cuerpo vivido, enferman como seres vivos mas también en tanto seres vivenciales, como  organismo y como sujeto.

Concepto de enfermedad

La terapéutica fue una actividad ritual y metafísica, con escasa capacidad de actuar directamente sobre el cuerpo enfermo para sanarlo, creando un concepto ontológico de enfermedad. El enfermo era poseído por un proceso mórbido, el cual debía ser  sometido al exorcismo para eliminar al invasor indeseable.

El paradigma de la enfermedad ontológica fue la plaga: incomprensible, aniquiladora, impredecible, intratable, apareciendo y desapareciendo sin la menor insinuación de una causalidad determinante y por ende blanco de las más extravagantes elucubraciones.


Con el advenimiento de las ciencias del cuerpo, el organismo humano se entendió como un fino mecanismo funcional cuya misión era mantener su desequilibrio interno u homeostasis. El proceso mórbido desordena los balances funcionales, de modo que la enfermedad se da como una disfunción, un desequilibrio: es el concepto fisiológicos de enfermedad, que prima en la medicina científico-natural de la actualidad y se refleja en las baterías de exámenes y los perfiles bioquímicos que comparan los parámetros del individuo con una norma estadística para detectar salud cuando estos valores coinciden, permitiendo diagnosticar procesos mórbidos, predisposiciones o riesgos cuando escapan al rango aceptado.

Simbología del enfermar

Los conceptos de enfermedad deben ser entendidos como pertenecientes al lenguaje de la medicina en cuanto a una disciplina que intenta entender los procesos patológicos básicos y comunes que subyacen a distintas manifestaciones mórbidas.
La simbología del enfermar pertenece al ámbito de la antropología médica la cual, propone su incorporación al discurso médico para enriquecer y mejorar la eficacia de los esfuerzos terapéuticos. Todas estas perspectivas fueron enriquecidas desde la cultura por un imaginario metafórico, las pestes eran castigos divinos, la tuberculosis se consideraba una enfermedad de poetas pobres, la aparición de cáncer por falta de un estilo de vida, y el SIDA está ligado a una intimidad vergonzante.

Enfermedad del alma
En respuesta a la transgresión, los dioses sustraen el alma al cuerpo del culpable y la intercesión del chamán intenta la restitución.


Enfermedad como culpa y prueba

La concepción griega enriquece las ideas previas de culpa individual y castigo, que ya en la Biblia muestran las variantes comunitaria de enfermedad y aniquilación colectiva por desviación moral del grupo humano -- Sodoma y Gomorra, las plagas de Egipto. Con el tiempo se va trasladando el gatillo moral de la enfermedad a uno de carácter más corpóreo, la culpa residiendo en una transgresión a normas de higiene, de requerimiento dietéticos, de cuidados del organismo.

Desde el mundo trascendente viene el castigo en forma de manchas provocadas a los hombres (lyamata) que posteriormente devienen en agentes maculadores (miasmata) que infectan el pensamiento sanitario del siglo XVII. Gracias al pensamiento etiopatogénico se crea la triada Huesped – Agente Patógeno – Medio Ambiente.


El individuo portador de enfermedad
La percepción histórica ha celebrado a Hipócrates como padre de la Medicina, pues fue su escuela de Cos la que perfiló la figura del enfermo cuya dolencia es directamente leída desde el cuerpo y explorado por aquel que se convertiría en médico.
Por la filosofía naturalista de los hipocráticos, confiados en la vis medicatrix naturae -- la fuerza terapéutica de la naturaleza -, el afectado es visto más como portador de estados mórbidos que como doliente en necesidad de ayuda.
La enfermedad como infortunio es Katatychen, ante la cual el arte terapéutico es un enfrentamiento con el azar, no con el devenir natural que está clausurado a la influencia humana. El individuo emerge como paciente, un portador de enfermedades, no el individuo enfermo.

El paciente en el centro de su enfermedad.

En la medida que el individuo pueda flexiblemente establecer sus normas de funcionamiento en respuesta a los requerimentos y las fluctuaciones de su entorno, será una persona sana.
Cuando al individuo se le vuelve imposible ejercer la normatividad que requiere para solventar su existencia, cae en un estado de ineficiencia, de incapacidad para cumplir las tareas que se propone y se considera enfermo.

La forma cómo el enfermo vive su afección es primordial para todo el complejo salud/enfermedad. Las definiciones ignoran la participación del paciente en la determinación de su enfermedad, en consecuencia derivan los conocimientos de patologías desde experimentos y observaciones biológicas. La enfermedad se reduce a ser disfuncionalidad del cuerpo, tipificable y con una terapéutica sencilla de esquematizar.


Vivencia de enfermedad y muerte

Tenemos todas la certeza que la vida indefectiblemente desemboca en la muerte y que también será el fin de nuestra propia existencia. vivimos hacia la muerte, pero en certeza fáctica y empírica hecha realidad por la muerte de otros. " El final del ser- ahí se da a conocer en forma objetiva".

Heidegger distinguió  dos aspectos:

1.-Angustia intrínseca de saberse viviendo hacia la muerte.

2.-Distancia que el individuo pone entre su proyecto existencial y la certeza de su finitud.

La pregunta por el sentido del enfermar

Para que la enfermedad tuviese sentido, habría que insertarla en una realidad más amplia que la abarcase y desde la cual pudiese ser detectada su razón de ser.
Al intentar darle sentido a la enfermedad, se le da una valoración positiva a dicho proceso impregnado de dolor, sufrimiento, pérdida y deseo por ser liberado. Para el terapeuta, es una distracción en las tareas de curación y cuidados, debilitan los esfuerzos y terapéuticos y demoran la sanación.

La antropología médica sería más compasiva rechazara las interpretaciones de sentido y se mantuviese fiel a la idea de que la enfermedad es un episodio que aproxima indeseablemente la vivencia del morir. Debido a que la enfermedad evoca casi siempre la muerte, es por ello que la enfermedad es vivida como un disvalor a eliminar lo antes y más radicalmente posible.

Cuando la medicina no puede explicar la enfermedad ante las emergentes carencias de significado, se le atribuyen implicaciones metafísicas, adscripciones morales, culpa, castigo, crecimiento personal a través del padecimiento. Lo antropológico subyace al imbuir de sentido sucesos que no se pueden modificar, por ejemplo la búsqueda de sentido a padecimientos crónicos o discapacidades en lugar de hacer lo mismo con enfermedades agudas y procesos mórbidos removibles. Es esa búsqueda de las significaciones de sus vivencias más trascendentes

Laín Entralgo, determinó que la enfermedad es accidente y  no substancia, pues puede ocurrir o no presentarse jamás en la vida de un individuo. La accidentalidad modal del enfermar posee tres atributos que la alejan de la substancialidad: “Temporal, Preternatural y Lesivo”.

En primer término, se inserta con su propia temporalidad en la biografía del individuo, inclusive en las enfermedades crónicas y congénitas. En segundo término quiebra el orden natural, es una anormalidad que fractura los procesos que ordenadamente mantienen la integridad y adaptabilidad del organismo. Por último término, la agresión al cuerpo que desmedra algún aspecto del devenir personal.

Con las 3 características, la enfermedad adquiere el carácter de intrusión indeseada que ha de ser removida cuanto antes y lo más radicalmente posible.

El triángulo enfermo-terapeuta-sociedad

De una u otra manera siempre se involucra a la sociedad, al sentirse amenazada por la conducta del enfermar o por esfuerzo colectivo de sanación. Permitiendo que se vean las cuatro formas de cómo entender la enfermedad: castigo, azar, desafío y prueba, siendo todas adscripciones culturales externas a las vivencias del enfermo y le son propuestas o en su defecto, impuestas.

La etnografía reconoce que el enfermar, es un conjunto de sucesos culturales cargados de significaciones que comprometen la existencia de la vida familiar y social, las relaciones mundanas y trascendentales. Hacemos a un lado a las dicotomías, e involucramos una triada: enfermo-terapeuta-sociedad, justificando así la existencia de la antropología social.

El individuo se vuelve un enfermo cuando la sociedad lo reconoce como tal y es paciente cuando el terapeuta lo acoge. El médico es un sanador reconocido cuando la sociedad le otorga estatus de profesional, la sociedad interfiere en la medicina en tanto asume y reglamenta la protección y justicia sanitaria frente a sus ciudadanos.

El  doliente que ve afectada su calidad de vida en diversas esferas solicita ser acogido como persona y no meramente como organismo descompuesto, la sociedad  se preocupa de la mantención de una fuerza laboral productiva y de la estabilidad social..

El idioma inglés ha sabido introducir 3 términos para especificar diversas perspectivas desde donde se percibe la enfermedad:

Disease: Proceso orgánico, aquél que la medicina pesquisa objetivamente.

Illness: Experiencia subjetiva de sentirse enfermo, que aqueja al sujeto que sufre un proceso mórbido.

Sickness: Denotación algo ambigua, es como la presentación social de la enfermedad.


Diversos modos de entender enfermedad
La antropología busca entender la enfermedad entendiendo la realidad, o bien la elaboración cultural de ella, aunque no escapa de inestabilidades conceptuales. Hay una gran sistematización nueva y que busca clasificar lo aparentemente inclasificable.

Todo ser vivo mientras mantenga un equilibrio de ciertas funciones, muy simples y metabólicas en los unicelulares, complejas y sistémicas en seres más evolucionados. Los equilibrios complejos son más inestables y susceptibles. La enfermedad nace en los límites de ella, aunque no se identifica con ellos salvo por algunos intentos deterministas de explicar lo patológico.

Los antropólogos perceptivos requieren finura para distinguir entre lo disfuncional y lo fisiológico. También existen los desequilibrios con la sociedad. Prevalece la distinción entre los modos endógenos y exógenos de enfermar, similar a la perspectiva de la salud pública. El concepto de enfermedad y los cultos de sanación han variado con el correr del tiempo.

El enfermo encuentra sentido e inclusive ventaja en la sanación cuando el terapeuta asume la responsabilidad de acogerlo y curarlo. El adorcismo, es un concepto donde una enfermedad útil para la terapia luce como una observación sincrética –amalgamando conceptos terapéuticos con patológicos–. La terapéutica se basa en esa indeseabilidad de los estados de sufrimiento del ser humano ante la enfermedad.

Si el proceso mórbido es inerradicable, podrán aparecer interpretaciones positivas que buscan sentido, beneficio o adorcismo, productos de ajustes existenciales del paciente, de su búsqueda, una nueva normatividad, sus esfuerzos por forjar una nueva dignidad en su accidente biográfico.

Si el enfermar es meramente antropológicamente primario, no será legítimo que sociedad, medicina o cultura impongan supuestos beneficios a los dolores, padecimientos y discapacidades que provienen del enfermar humano.

Más información, disponible en: https://docs.google.com/file/d/0B8Ri7ByTKWMYWGhDN0pBUjhMWDg/edit

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